miércoles, 14 de abril de 2010

Quijotes del Vístula

(No, no vamos a hablar de la carga contra los panzer)


Si hay una historia triste en la Segunda Guerra Mundial –y hay muy pocas de otro tipo en la Segunda Guerra Mundial–, esa es la de los polacos. Incluso para una nación acostumbrada a ser desmembrada y vuelta a armar cada dos o tres generaciones, la historia de Polonia entre 1939 y 1948 alcanza cotas de tragedia varios grados de magnitud por encima de la media.

lunes, 22 de marzo de 2010

Nuestro hombre en La Coruña (y II):

Muerte de un funambulista


Escondido en el convento de Santo Domingo, Filangieri pasó la noche del 30 de mayo de 1808, el muy ilustrado hideputa, rezando con recién redescubierto fervor. Difícil saber si lo que más le inquietaba era el papelón de haber perdido el mando de su incumbencia, o el que desde la ciudad, en manos de la anarquía, no llegase apenas ruido de anarquía. Lo que seguro que le pedía al niño Jesús era que no le viniesen a buscar.

sábado, 13 de marzo de 2010

Conozcan al verdadero Coronel Trautman


Mandíbula litoforme, inconfundibles rasgos anglosajones, solapa cargada de metal. El parecido es notable. Si no fuese por esa mirada de lobo estepario algo melancólico que Richard Crenna nunca podría imitar. El de la foto es Robert L. Howard. Coronel (retirado) del U.S. Army, Fuerzas Especiales. Medalla de Honor del Congreso y otras 7 inferiores al valor. El soldado norteamericano más condecorado de la segunda mitad del siglo XX.

martes, 23 de febrero de 2010

La triste saga del F-22 (I parte):

Y estábamos tan agustito…


Hará cosa de un mes que voló el primer prototipo del PAK FA, Sukhoi T-50, el quinta generación ruso. O sea la respuesta rusa, y no sindicada, al F-22 Raptor, el avión de combate más caro de la historia. Con un costo total del programa Raptor que ronda los 65 billones de dólares uno podría esperar haber comprado algo más que 10 años de supremacía aérea por ese dineral.

sábado, 6 de febrero de 2010

Nuestro hombre en La Coruña (I parte):

Bailando en el Alambre


Intentemos describir esta escena como lo haría Arturo Pérez-Reverte:
"D. Antonio Filanghieri, 35 años de servicios a España entre pecho y espalda, soltó una de esas maldiciones napolitanas que no hacía falta entenderlas para que le pusieran el mostacho tieso incluso a un tipo tan bragado como era Joaquín Murat, en aquel momento, a todos los efectos, rey de España. Porcaputanamadonadidio, o algo así, soltó el tipo cuando Murat se lo comentó. “¿A Galicia, excelencia?”, y el otro, “como lo oyes, Antoñito”"...