Resulta irónicamente apropiado que el general que iba a sacarnos a todos del lío este en Afganistán a base de buen rollete, corazones y mentes y mucha mano izquierda haya acabado colgando en el secadero por no recordar que en lo tocante a mantener a todos contentos y bien dispuestos hacia la misión el más importante al que había que mantener bien dispuesto era a su jefe.
